Contrariedades entre impulsos contrapuestos del querer, no poder y esas escasas palabras escritas de silenciosas voces.

Suposiciones

Esquivas palabras que ocultas intenciones. Conversaciones profanas y superfluas que envían mensajes, codificaciones que transitan en una comunicación nocturna que el desvelo vencido convierte en silencio.

Palabras al revés que sólo una lectura cómplice entiende, donde se afirma y se confiesa. 
Impulsos que se complotan para aparecer e impulsar confusos deseos.

Un juego ya terminado que quiere volver a ser jugado, mientras el velo de los miedos procrea esa palabra nueva, llamada distancia.


Palabras que no se dicen, en un  tiempo de esquivas edades  que miden el próximo encuentro, en que conocidas miradas superen las inevitables suposiciones.

Un juego para volver

Las palabras que fueron silencios hoy rebalsan de su mano, quieren escapar, y aunque se resista se lo vuelve a ver al caminante al costado de un nuevo camino, pero con el mismo viejo final.
Desviado va por la ceguera de ese nuevo destello, tan parecido al anterior, pero con diferente color y desconocidos ecos.
Entre miradas avanza, de su coraza sólo quedan añosas durezas, y una nueva pulsación que le recuerda que aún está con vida.
Bajo la luna del sexto día la vio, sobre el suelo ese nuevo destello se le presentó, en un día festivo el encantamiento fue la danza de esta historia.
Pronto, muy pronto, hubo silencio, y el destello se le oculto como alejándose. Devino entonces, esa fiebre que solamente el desconcierto conoce.
Fue con una aparición que volvió a verla, diría para sí mismo que sus ojos la emoción reflejaban.
Palabras tras palabras de esa hechicera revelada, para no decir el fémino de un mago, sintió la alabanza de iniciación a ese juego que lo obligó a volver a estos escritos.
En la acciones el instructivo no fue claro, a las reglas no las conoció, y en sus contradicciones se dejo llevar. Como una desafortunada coincidencia el desencuentro fue el verdugo, y esas palabras de amores temerosos termino por nublar sus pasos.
Ahí quedó el Caminante al costado del camino, alejado por razones que no comprende, mirando de lejos junto con sus incondicionales voces.
Es en esos momentos que con una hoja de parra encendida y bajo la luz de cien luciérnagas, se despierta y piensa... Que de todas sus contradicciones él se queda con esa sonrisa que ella un día le trajo.



Inevitable


"Lo inevitable de las cosas mezcladas son las decisiones que hubieramos (hubiese) arriesgado"

Letargo

Al pasar por su costado la mano en su cara deslizó, con su cabeza él acompaño el movimiento como si quisiera atrapar es momento para siempre. De espaldas su rostro no podía ver, pero el calor de los dedos al oído le confió su nombre. El gesto no culminaba, sentimiento que perduraba como si lograse hacerlo eterno. Como oscura lluvia de invierno por su hombro olió sus pelos, entre sus cejas advirtió sus lágrimas y sin la incomodidad de las palabras, labios sobre labios, se refugiaron. Lágrimas que no entienden de su existencia. Sentimientos revelados que humedecen jóvenes intenciones condenadas. Puerta abierta a la locura por tratarse de simples imágenes, deseos de un frío cuerpo en la corta noche del letargo de los cien días.


Al reposar

Como esas palabras, el repiquetear de esos tambores presiona su pecho paso tras paso. Cercana población de caras desesperanzadas por donde debe cruzar, siente un ahogado festejo en la plaza mayor y a pesar de sus dudas su curiosidad lo empuja a participar. Ve caras jóvenes decididas a enfrentarse a la inmadurez de ese tiempo, se emociona a pesar de que sabe que no lo pueden acompañar. No se los explica aun sabiendo que lo seguirán, a medianoche abandona el vino del baile y por la colina menos alta corre hasta desaparecer. Murmullos infantiles siente sobre sus hombros, no esta seguro de que sean  ellos aunque prefiere que así sea y no encontrarse con su propia voz. Nunca se dio vuelta, las vocecitas no callaron, y luego de reposar en un arroyo como miedos vencidos desaparecieron. Fortaleza de esas palabras que no olvidará, que no entenderá pero siempre va a buscar, en medio del sueño sorpresivo la ve llegar y sin húmedas palabras la corona se imagina besar. Pobre héroe peregrino sólo bajo la sombra de sus pupilas imagina a sus pies conquistar un reino que no lo espera llegar.


De momento


En el lapso que envidiaba la fortaleza de esas aguas una vieja estrella vio caer, ráfaga violenta que suicidó su luminosidad sin ningún remordimiento. Momentos de silencio sintió abrazar mientras que unas gotas de sangre por su rostro empezaron a brotar, maldijo sus heridas que su debilidad vuelven a señalar. No puede esperar aunque sabe que ese llegará, entre paredes de nieblas el camino vuelve a retomar. Dirección correcta, templanza intacta, engaños que él sólo sabe hasta que el sol seque su sangre. Otra vez estandartes y piedras, entre barros y lunas pudo ver la furia de pasiones que logran cremar los suspiros de los guerreros. Infame mundo piensa, mientras imagina gitanas y hechiceras bailando sobre su fortuna. Nunca pudo desprenderse del recuerdo del lenguaje que oculta en su dialecto la corona, maldición de estos tiempos que empujan el andar de los débiles a regalar su aparente libertad. Quema en su mente esa imagen, no va a llegar a hacerlo, o eso es al menos lo que en su camino intentará.


Evocación


El viaje lleva consigo un sinfín de contradicciones, sus perseguidores aún afilan los colmillos. Se debate entre correr o esperar su llegada. Hace dos lunas que detiene su andar, no hay cuervos ni palomas, sus protectores cada ves más lejos no le hablan, los rastreadores parecen perdidos y para peor sólo conspiraciones espera escuchar al llegar. Frente al banquete sólo negativas recibirá, bien muertos están viejos héroes con lo que puede contar. Unos pocos por la riqueza y la desnuda vanidad se dejaron encantar, sólo queda uno igual que él, o mejor dicho aun mejor que él. Sobre el muelle de rebeldes aguas debe esperar, encender una antorcha y esperar. Así no puede llegar, hordas de lobos debe convencer, hoja tras hoja a paganos dioses debe rezar, y volver a esperar. Líquidos ojos lo observan, sangre sobre sangre debe brindar, sólo ese llamado debe alcanzar.


A su tiempo


Miles de aplausos vanos, sombrías caras agradecidas, presionadas esperanzas sobre su espalda. Falta sólo tiempo para que lo traidores lleguen, ya sus cabalgatas la tierra hacen temblar y sus murmullos empiezan a molestar a perturbables oídos. En el final del festejo sin razón una mirada se aleja y espera, a su alrededor pocos son los que van a quedar. Prepararse, adelantarse, e identificar cada foco que enciende el fuego que lo tratará de derribar. El peligroso juego que emprende es el único que conoce, las caretas del baile están listas para caer al igual que el velo de las nuevas viudas de la confianza. De cada paso, cada palabra, cada gesto que su cuerpo esgrima verá como esos ojos se agrandan y su valorada lealtad se debilita. Entonces ese será el día en que entre lágrimas de piedras y el grito de miles de truenos la tempestad lo ponga a prueba, es ahí donde sabrá si su mano ha de temblar.


Recorrido


Al costado del camino miles de estandartes se elevan sobre su cabeza, pesadas marcas de viejas pisadas decoran las piedras que debe esquivar. El frío de las fogatas encienden las pupilas de aquellas sombras que lo miran al pasar, él se siente solo, pero esa soledad impuesta es su fortaleza, sabe que llegará y una vez frente a la puerta deberá luchar. Hace rato que el filo del metal lo abandonó, la hechicería aprendida se apagó, tiene en sus manos transpiración y tierra, en su cara las marcas de las heridas a las que venció. ¿Habrá algo más parecido al inframundo? Sólo sus dioses lo sabrán, no lo imagina, pero transita en cada roca sabiendo que no volverá. No tuvo despedidas, ni bienvenidas tendrá. Castillos de niebla lo llaman, voces de sonrientes muertos desean desviarlo, la perversidad femenina lo invita a descansar. El Caminante sigue, siempre seguirá a pesar de la flor y la arena, a pesar de su mar y el río consejero, a pesar siempre y a pesar de cada abrazo que nunca sentirá. Nunca más muerto, nunca menos vivo. Heredero de malditos linajes, único hijo de una pálida estrella, dueño de una casa que al final debe levantar.


Corona



Por debajo de la niebla el camino no se deja ver, el gris de esas nubes y la impenetrable luz dicen guiar pero de frente sólo la oscuridad sonríe. Nuevos tropiezos en el laberinto abren viejas heridas, por encima como nereidas ellas sobrevuelan intentando ayudar. Cerraduras atascadas confirman su regreso, sin lugar a dudas ha vuelto y sus pasos se hacen sentir. Sobre las cabezas caminará buscando los oídos con sangre llenar. La tempestad está cerca, las construcciones humanas sucumbirán y al mundo de los sueños volverán. El sujeto no resistirá y bajo su propia sombra de la soledad se esconderá. En su regreso habrá sólo una voz, el tiempo apremia pero hay tantas por donde buscar. ¿La más callada será? ¿Qué es ese murmullo? ¿Acaso grita, se esconde, o simplemente llama? Equivocada voces dirigen sus intenciones frente pétalos de piedras, centenares de truenos y varias campanadas confundirán. Buscar la voz esa es la misión. Detrás habrá una mirada, tendrá una mano, y debajo de sus pupilas la corona, un triunfo no en vano que todo héroe desea besar.

Mañana podría


"Mañana podría cambiar de vida, 
pero no puedo cambiar de oficio, 
soy mi oficio. 
Si no cambio de oficio, 
no puedo cambiar de vida. 
Cambiar de mujer no cambia nada, 
cambiar de recuerdos...el pasado no se cambia,  
a menudo nos gobierna. 
Hace treinta años me dieron este cuerpo  
al que después se le fueron agregando hábitos, ideas, 
una manera de caminar, de mirar, de comer...
vengo de atrás, tengo ayer pero no sé si tendré mañana"

Antonio Di Benedetto

Miradas



En los instantes de las miradas aisladas, 
las lágrimas censuradas entre el aire de cada palabra, 
son las interferencias de esas voces.

Sonidos desesperados que gritan, relatan y susurran 
inventos ciertos de simples falsedades.

Detrás de las sonrisas está la verdad, 
envuelta en la fragilidad de cada instante, 
entre los silencios de esas miradas.

06:00 AM



En la madrugada del susurro las palabras engañan, y no se olvidan. Las traicioneras intenciones oscurecen los rostros hasta desconocerse, hasta dormirse, sin que el desvelo engañado se percate de un sueño compartido en la cercanía de la distancia.

Inevitable esperar



En aquella ilusión de esperar las palabras que oímos a diario
volvemos a caer,
al levantar la vista nos vemos, 
al mirarnos ¿nos vemos?
En el caminar sobre miedos ajenos,
entre los silencios de cada palabra que ofrecemos,
es inevitable los propios recordar.
Cuantas veces pensar, volver y revisar.
Nunca aprender.
Siempre evitar lo construido desarmar.
Entre las recientes poesías ajenas,
el impulso de crear acompaña la melodía de la semana.
Tu figura va dando forma,
y la vibración es la distancia hasta el susurro esperado.

Esa misma luz



Apagados destellos de sueños pasados,
moribundas luces que parecen regresar,
resplandores antiguos que vuelven a brotar,
las mismas luces parpadeantes que encandilan.
Que marean.
Que atrapan.
Pendiente despedida,
de esas esquivas miradas.

“Tengo esta memoria que no deja de insistir, 
en esa nostalgia de los tiempos por venir”



Bar tres



Ojos ensañados con las bolas de colores, ciegos al verde paño, encandilados por faroles colgantes.

Ojos absortos ante la incertidumbre, pasillos de dudas nacientes.

Ojos dispares, ebrios de líquidos y jóvenes sentimientos sin nombres.

Ojos que se reconocen sin mirarse, perdidos en esa noche.

Pares de ojos que se ven, pero sin aprender a observarse.

Sobre la mesa una bola menos, en la bandeja una botella más,
y en ese par de ojos sólo la certeza de que no se cruzarán.



*Foto: La mirada del ser, por M.S.
(fotografía libre de retoques digitales)



“Del funeral de tus parpados quémate en mil lágrimas si quieres, pero a los aromas de las flores no les permitas que te acompañen por nuevos jardines”

Esos



Hay dos noches que brillan opacas,
son dos lagos de negras algas.
Oscuridad que penetra y escapa,
que alejan y encandilan.
Son miradas y gestos que callan,
dos gritos tras una secreta risa.
Un par de funerales, 
que recién comienzan.








Pasos



Mientras el desvió va quedando atrás, de su desgastada sombra se preguntaba si ese camino alternativo que había tomado era un escape o simplemente un engaño para continuar. 

De cada uno de los olores del paisaje un recuerdo guarda en su pequeña cajita de colores. De cada piedra se acuerdan las heridas de sus pies, pero sin duda de las oscuridades de las luces aún no pudo despegarse.

Para adelante sigue el Caminante, el destierro ya no lo desvela, porque sabe que ni a las bestias ni a los viejos personajes se los volverá a cruzar. Lejos de la aldea sólo carga con esa brillante llave, que nunca va a usar. 

Mientras que con los cielos de cada pasaje se iba reconciliando algo sucedió, silencios de voces calladas escuchó. De la niebla siempre desconfió, pero a partir de ese momento supo que no era un mero obstáculo sediento por hacer que pierda su rumbo. 

En esa brillante noche, la espesa niebla, una frase a sus pies regaló. Le dijo que era de su madre y que cada palabra que escuchaba era un silencio menos que gritaba.

Paso por paso, cada enunciado lo invitaba a descansar.

En el cotidiano andar lo sintió. Por un momento percibió que el resplandor de una noche se apagaba, que la niebla faltaba, y que el silencio callaba. En una hoja de parra con sus dedos un mensaje escribió:

"En el día al que le alcanzó el ayer
con tu frase no me tropecé.Mientras mañana va siendo hoy,despertaré pensando
cual será la palabra en la que caeré"

En la rama que estaba al costado del camino dejó el mensaje y su camino retomó. Paso por paso iba preguntándose, en que momento, volverá escuchar al misterioso silencio su frase gritar.

Día



Alcanzar la mañana entre colectivos y lagañas. Asfalto vacío que amanece, frecuencia que a los ojos despierta y a la voluntad adormece. Un recorrido en contramano de rostros que parecen condenados. Nunca parar, ni por casualidad pensar, sólo caminar y empezar. La misma tensión de exacerbar lo que ni la lluvia puede lavar. El volver y venir de una búsqueda derrotada, con la misma moribunda ilusión de que en esos rostros no esté cegada y desorientada. El silbato ya sonó, corre el que sabe que lo esperan. Mientras un nuevo día comienza, para el que no la encontró su día terminó.

Silencio


Cuantas veces quejarse, lidiar con el mismo momento que desespera. Ese segundo que se fue, que no volverá, y no podrá hacerse oír. Agobiarse por el entorno, el ruido condena. Marearse, perderse, desorientarse ante tanta algarabía por doquier. Sin ese respiro que esa boca exhalaba, que escupía sin descaro mientras yo enloquecía. Puro barullo sin sentido, sonidos malignos que me alejan de ese hoy sagrado segundo. Cada vez que contestabas sin mover un labio, cada vez que me moría cuando con un silencio respondías.

Retratos



Fotografías de arena y mar, de aguas tranquilas con apasionadas olas blancas. Esa arena entre los dedos, tu sombra que se va. 

Un mar tranquilo, una tormenta para naufragar. Lidiar con el viento, refugiarse y armar un lugar para descansar. Entre las piedras recordarás, el caminar y descubrir esos desteñidos lugares nuevos. 

¿Cómo es el olvidar? ¿De que manera recordar cuando hay que hacerlo? 

En una avenida costera los cuerpos esperan un faro necesario para regresar. Pero un desgano hoy ajeno traslada el agua salada a la dulce del plata. 

La lluvia nubla el navegar a la isla de pasillos interminables, de cementerios antiguos, y rumores de otros tiempos.  Otra vez las piedras pintadas de rojo algarrobo, olores que alimentan las fotografías visuales, de un cuerpo quebrado, que sigue durmiendo sobre la arena de un mar sin amanecer.

Sobre las piedras de un río sin atardecer, y dentro de un oscura noche sin la estrella falsa para complacer.




Cuerpo quieto




Con el cuerpo quieto, congelado por las tardes e incendiado por las noches, siento esperar el envión. Un viento de aliento que impulse las piernas para dejar el camino y empezar a volar. Por encima de los rayos hay una luz, y por debajo una falsa estrella se termina por escapar ante la niebla que en los ojos, ya hace tiempo, se impregnó. De las manos crecen conocidas llagas de trece años atrás, de los pies una pintura fresca expone falsos destellos alegres. Mientras comienza un próximo final, los últimos se dividen en varios comienzos. El optimismo guía y el desgano desobedece. Los impulsos dominan. El aliento necesario desaparece, los posibles vientos escapan, y no, la figura no se mueve. Estalla, explota, sobrevuela, brilla. En el espejo de la cueva el reflejo de tu aliento me muestra lo que a lo lejos me espera.



"Quiero que sepas que aunque arrastro mis fracasos, 
si quieres contar conmigo, aún guardo fuego en mis manos."

En el sombrero


Buscaba la elegancia en un sombrero de copa. Sin saber que ese negro brillante no combinaba con su opaca piel morena. Caminaba como si un bastón de su mano colgara, y de sus pies alfombras se elevaran ante cada paso que daba. 

Seguro alguna escalera habría querido tener, pero del cielo lejos estaba. Del viento no se sabía nada, pero su vestido volaba como si quisiese irse. Escapar, salir corriendo con cada voltereta de sus piernas. 

Marcaba el paso con señas en su sombrero, íba y venía, algunos la recocían otros la observaban, ella seguía. Festejaba la noche su visita, y ella sólo sonreía. 

Se amigaba con las sombras, y a lo amarillo de la luz saludaba, pero sin dudas con besos dulces a las constelaciones naranjas regocijaba. 

Piel oscura de sombrero de copa y sabor a toronjas, por el negro empedrado andaba marcando en cada piedra una palabra.

El jardín de todos


"canciones que en mi infancia canté 
con letras que recién de grande pude entender"
 

Firmes y dignos



"Demuestren quiénes son y
cuánto tienen para dar,
luchen por lo que merecen,
defiendan sus ideales,
respeten y háganse respetar,
no aflojen ante dudosos poderes 
ni tramposas tentaciones,
sean dignos y honestos
con ustedes y los demás.
No olviden nunca que
el periodismo,
como cualquier
otra actividad,
debería servir para
construir una
sociedad mejor."

La tormenta del cuadro y una lluvia sin luna



En la pared había un cuadro sin cuadro. Sólo el marco, y por detrás el ladrillo de una pared.

Recuerdo haberle preguntado, en ese momento, a quién me acompañaba en un almuerzo, que veía o imaginaba en el lugar del cuadro faltante. Su respuesta no habrá sido interesante porque ni me acuerdo, pero sí no puedo olvidarme lo que yo dije:

“Veo un paisaje hermoso, un verde prado, con montañas al fondo; pero por detrás de ellas una tormenta que avanza”.

Mi compañero de almuerzos por aquellos días no lo entendió y creo que se rió…o no, no importa eso.

Yo nunca lo olvidé.

El torbellino no iba hacerse esperar. Llegó, revolvió, mareó, confundió, y arruinó el paisaje hermoso. Oscureció aún más la noche, los destellos de los relámpagos desplazaron a las estrellas, y las nubes bajaron hasta mi cabeza y a la luna ocultaron.

El agua de lluvia pronto comenzó a caer de esas nubes, de los ojos, de la luna. 

En la oscuridad creía poder ver, pero tropiezo a tropiezo supe que no iba a poder. A los pozos no los esquivaba, en todos ellos caí pero igual continué. Siempre he creído en ese maldito dicho de que siempre que llovió paró. Y sí que paró, en el mismo instante que entre lágrimas una falsa fortaleza me engaño.

¿Saben que? Seguí, siempre seguí.

En el personaje que inventé en mis escritos me refugié. Con las paredes creía haberme amigado, pero ellas fueron más duras cada vez. Un día al despertarme estaba en un pozo, a esta altura no sé si me caí el día anterior o si siempre estuve allí, o si a todo el camino lo inventé.

En el aún estoy. Si logro salir quizás vuelva a ver ese cuadro de sólo un marco, pero no se si veré lo mismo, lo seguro es que antes a la luna buscaré, y con ella en el verde paisaje para siempre me quedaré.




Entre locos y animales de radio







Soy un acertijo que no llego a descifrar
un rompecabezas que le falta piezas
con algunos vicios que trato de controlar
y un pato volando en la cabeza
soy un barrilete que le cuesta remontar
soy un liberado encadenado
un fruto crecido que ya debió madurar
pero viene un poco retrasado
soy un enmascarado que se esconde tras del dial
un animal de radio desbocado
soy un sentimiento que no deja de pensar
soy un pensamiento apasionado
soy el único responsable de mi pasado
soy la victima, el culpable y el juez que me ha tocado
soy un dependiente de lo que quiero atrapar
un desenfrenado con fronteras
soy un inconciente que se empeña por cruzar
cuando están bajando la barrera
soy sobreviviente de una especie en extinción
uno de los pocos que ha quedado
que no se arrepiente por ser siempre la excepción
que va siempre por el otro lado
un autentico cerebral descerebrado
un insistente explorador de lo ignorado
como una promesa que no quiere mejorar
soy un pesimista esperanzado
como una cabeza que nadie va coronar
un animal de radio humanizado.


*Foto: Los Locos de la Azotea
*La letra y música: cortina de Animal de Radio

Su inspiración




Con sus ojos cerrados
buscaba versos para componer,
sin rumbo caminaba
esperando esas palabras encontrar.

Pero no.

No pudo ser.

Debió resignarse que sin ella no iba poder,
supo entonces que su inspiración le era una condena.

No sólo que esa noche no regreso a su cueva,
sino que a pesar de que salieron a buscarlo
por el camino sólo encontraron
su anotador en blanco
y rotas las cadenas.

Cinco y media (trece años antes)



Observa las agujas. Acomoda su silla. Está por ser la hora que tanto anhela desde que se levanta, sin contar las horas matutinas que debe aguantarse por esas cosas que nunca sabrá. 

La merienda está por ser merienda. Los dibujos animados de moda ya hace media hora que son transmitidos sin cesar por la televisión. La impaciencia lo desborda, desea escuchar una voz. Vuelve a mirar el reloj. No le cree, desconfía que este marcando la hora correcta. 

El sol afuera hace su último gran saludo del día. Ya va a ser la hora. Se apronta, nada debe salir mal. Se detiene por unos minutos a repasar las posibles acciones que deben estar pasando a sólo unas cuadras. Ya está seguro. El reloj le grita en la cara, él sonríe. 

Son las cinco y media. Agarra el teléfono, marca el mismo número que todos los días. Hola… le dice esa voz. ¿Cómo estas...? Responde él. 

Entre palabras y risas sienten, lo más parecido, a lo que una vez ella le describió como mariposas en la panza. Hablan muchas tardes más, las mañanas casi nada aunque estén pupitre a pupitre. Se ocupan celosamente de ocultar esas mariposas hasta la hora que ella diga Hola y él ese Como estás. 

Pronto llegará el día, ese día parecido a cualquiera de todos los demás, en que ella no contestará. Él se arrepentirá al darse cuenta que las mariposas son mariposas, y que hay equivocaciones que se equivocan sin importar la altura de una terraza. Ahí sabrá que no sólo debe jugarse por las maravillosas historias entre cartulinas y playmobiles.

Locura



¿Tiene alguna medida la locura? ¿Es posible determinar su medida? ¿Será medible en un metro y medio ó cuatro años? ¿Son correctas esas unidades de medida o será que es tan difícil hacerlo que casi parece imposible tanto como querer identificarla? ¿Tiene imagen la locura? ¿Tiene cuerpo? ¿Y tendrá voz? ¿O será que su voz es lo más parecido al silencio? ¿Y si no tiene voz tendrá letras?

¿Se comunicará mediante la escritura? ¿Y si lo hace sobre que escribe? ¿Sobre nosotros, sobre ella misma o improvisará versos inventados? ¿Será que sabrá inventar? ¿Sobre que hablarán sus versos inventados? ¿Creará historias épicas de enamorados suicidas ó cuentos de navegantes desviados por parpadeantes luces artificiales, y almas incandescentes con visiones inútiles caídos en desgracia?

¿Tendrá la locura semejante malicia para inventar esas realidades espurias? ¿La locura tendrá colores? ¿Si es así será blanca y negra, azul, roja o naranja? ¿Sí conoce los colores conocerá el arte? ¿Será culta en óleos, crayones y artesanías? ¿Tendrá tiempo la locura? ¿Será que se rige por los relojes? ¿Ó es lo mismo una anilla licuada a un reloj para ella? ¿Tiene la capacidad de oír la locura?

¿Ó aunque le gritemos será en vano? ¿Necesitará ser oída? ¿Por eso será que no oye? ¿De dónde viene la locura? ¿Será que no viene de ningún lado ó simplemente no sabe de donde viene? ¿Descansará la locura? ¿Dónde lo hace si lo hace? ¿Si no lo hace, estará siempre despierta en alerta? ¿Alerta a que estará? ¿Esperará el inevitable llamado del romanticismo exiliado, de los alaridos de un preso de su inventiva, ó simplemente busca presas para alimentar las historias de sus versos inventados?

¿Es posible atribuirle estos interrogantes a la locura ó estas preguntas no deben ser hechas para ella? ¿Si éstas preguntas no deben ser hechas para ella, existirá el verdadero destinatario? ¿Si es que existe el verdadero destinatario, tendrá respuestas a éstas preguntas?

El cementerio de la cultura


Aquí yace la cultura. Las expresiones se enfrían, desaparecen. A nadie le importa si un teatro hoy es un banco, y si mañana un edificio se erige en el mismo lugar. Las plazas vacías, las calles mudas, las voces sordas.

Aquí el silencio, las excusas y la individualidad, son los sepultureros. Los dirigentes los sonrientes floristas ajenos a lo que alrededor sucede.

Aquí las avenidas, las calles, las vías del tren, son plataformas de despegue desde donde los actores, las actrices, los músicos, los artistas emigran a otras localidades que reciben su arte con los abrazos abiertos.

Aquí los carteles dicen que es una ciudad distinta y diferente. Una ciudad sin colores, sin música, sin arte, gris como el cielo y el asfalto, una ciudad que se viste de verde para tapar las tumbas de la cultura por donde pisotean.

Aquí hay santos, en los nombres, en las calles, en las iglesias, en las bocas llenas de evangelios injustos. Los santos que hay aquí le rezan al dinero del cemento, y niegan que su origen provenga de la cultura de las personas, y que su trascendencia haya sido gracias a las expresiones culturales que los mantuvieron vivos.

Aquí, justo aquí la cultura muere.

Aquí la sepultamos y la abandonamos al olvido.

Aquí un teatro menos.

Aquí una ciudad menos.

Aquí una lágrima más que pronto se secará.

Reflejo


El amplio tiempo acciona de formas no previstas, los impulsos no consiguen alinearse con los objetivos pautados. Tantas cosas por hacer, tantas ganas aparentes de hacerlas y como una pared sobre la espalda el deseo innecesario de trascender. 

Bien se sabe que sobre el asfalto está la realidad con sus historias. Como si fuera una maldición, un miedo se despierta. Logra su mayor proeza, paralizar. Junto al tiempo, como aliado, lo deja saborearse con nuestras impaciencias. 

Somos seres de agua y motivaciones, cuando la segunda falta nos secamos. Nos peleamos con aquello que nos define, no lo explotamos, no dejamos actuar al artista contenido adentro. Las consecuencias son dejar de leer, dejar de hablar, dejar de escribir, no preguntar, es un caminar no placentero, es perderse, es volver, y es dejar todo como siempre estuvo. 

A las voces no las oímos, a los datos los descartamos, nos volvemos creyentes, y con eso la ignorancia nos vuelve predecibles y patéticos. Estando fuera del eje, el camino difícil parece encausarnos. Detenidos. Nada nos toca, vemos como avanza, detenidos. Sentimos la velocidad. Detenidos. Nos rodean rayos. Detenidos. 

Dar un paso, sólo es un paso, eso debe ser para lograr ponernos adelante. Si es un tren o son unos rayos, dar un salto y subirnos para nunca más volver a detenernos.

La noticia (El Viejo)



Un día más de vida se dijo al despertar. La sed arrinconaba a su voluntad pero no quería levantarse. Por el largo pasillo caminó a la cocina acompañado de su soledad de viudo. La reciente luz del día lo cegó al entrar a la cocina, oyó voces. 

A esa altura no era raro que eso le sucediera, pero al acercarse a la heladera supo que en realidad no era otra cosa que la radio. Supo entonces que había estado toda la noche prendida pero no le importo, lo único que quería era volver a acostarse, a sabiendas de que si era para siempre mejor. 

El locutor desde la radio vociferaba con ese ímpetu necesario para atraer oyentes. Él salió de la cocina. Solo tres pasos logró hacer antes de escuchar como palabras sueltas: ROBO – BANCO – CAJAS – MAESTRO. 

Casi petrificado quedo al lumbral de la puerta, conocía esas palabras. El sueño se fugó. Como un niño al recreo, corrió hasta la heladera que hacía las veces de mesa en donde estaba la radio. 

El locutor logró su objetivo. 

Con una sonrisa que simulaba la de un padre al ver las proezas de su hijo, El Viejo se quedó escuchando la noticia mañanera de un domingo cualquiera.

Radio



La mesa se presenta como el sostén necesario en toda la hora, el vidrio de enfrente una conexión obligada y esperada con el exterior. Solos. Estamos solos con nuestra historia, nuestros fantasmas, los saberes y desaberes. 

El auricular el ticket de entrada hacia una dimensión aún no comprendida, a una muy parecida a los momentos de locura en los que hablamos solamente con el aire de compañía.

Nuestras extremidades se ausentan y dan paso protagónico a los sentidos, somos oídos y una sola voz. Las palabras brotan inconscientemente sin darnos cuenta como las procesamos. Decimos, afirmamos, discutimos, negamos. Todo con perfecto convencimiento sin darnos cuenta realmente de donde lo sacamos. 

El imaginario de un oyente se nos representa enfrente como una presa a alcanzar, ¿será esa la motivación? O lo que realmente nos moviliza es el juego, ese juego tan verdadero y peligroso del cual no tenemos noción. ¿O sí? ¿Y si realmente no nos importa? 

Sea como sea, hacemos radio, nos sentamos al micrófono una ves por semana y somos nosotros, somos libres. Y al sentimos así creemos estar cambiando el mundo. 

Un gran juego la radio. 

La luz roja se apaga. Luego de saludar a los recientes aliados salimos a la calle, todo está igual. Pero una sonrisa nos brota, estamos convencidos, quizás tontamente, de que en una semana algo vamos a cambiar.

En su limbo



Sentada allí me extiende su mano, 
en su trono luminoso a pesar de 
que a la realeza la aborrece.
 Sé que subió ahí de pequeña, 
se balancea por su curvatura 
cuando esta alegre, y de su 
extremo se cuelga cuando 
en sus ojos oscuros llueve. 
Tan niña, tan mujer y tan compañera. 
Me invita a subir de su mano con un beso. 
Mi piel remueve sus asperezas. 
Mi avejentado ser no se resiste, 
es la misma atracción que ejerce 
el planeta tierra con su propia luna. 
Ella sigue sentada ahí. 
Esa es su luna y sabe que ella es la mía. 
Somos dos balanceándonos por esa curvatura 
a un paso de caer rendidos al sueño de su limbo.

En buenas y malas






* Letra: Rubén Blades
Voz: Mercedes Sosa y Vicentico


La redención del inframundo



En el minuto exacto en que el sol se hace fuerte debían volver a verlo. Saltar un arroyo, cruzar más de un desierto, esquivar las grandes piedras y por último, escalar la nevada montaña. No iban juntos, cada uno pensó que era al único al que le había encargado la misión. Una noche de frío invernal entre el sueño y la ansiedad los había llamado por separado, frente a su presencia de divina majestad los bautizó con su miel y una sola misión les encomendó: alcanzar La Luz detrás del resplandor. No pudieron rehusarse, no debían ni siquiera aceptarlo, solo hacerlo. Para eso, de su cabeza sacó dos dones que le concedió uno a cada uno. Al primero: la avenencia; al otro: el congenio. No les dio un plazo, sabía que uno de ellos lo impondría.
El sol brillaba con tal fuerza que dio comienzo a la cuarta estación, estaban cerca de llegar. Una puerta tallada a mano por antiguos artesanos los recibió, cruzaron pasillos de mármol decorados por cuadros pintados por una artista aun no conocida y en los pisos podían leerse narraciones de otros tiempos. Cada uno era conciente de que la misión llegó a su fin, pero a uno más que a otro las preguntas lo desvelaban. Cuando entraron al salón la oscuridad los abrazó, el silencio los calmó y sus oídos mantenían la guardia.
-Al parecer han concluido la misión, dijo la divina voz.
-Lo he conseguido –uno de ellos interrumpió- tengo La Luz, lo que solicitó.
-Te equivocas, si lograstes alcanzarla fue por que quisiste hacerlo –respondió la voz- no por mi.
-¿Entonces yo perdí por no querer alcanzarla? pero como si lo deseaba con mi alma, intervino el otro.
-Lo primero que deben entender es que no hubo rivalidad entre ustedes -la seca voz contesto- los dos ganaron.
-¿Pero como puede ser eso? Él tiene a la Luz y yo no, por ende perdí la misión, retruco nuevamente el otro.
-En ningún momento dije que el objetivo de la misión sea La Luz, sorprendió la voz.
-¿Cómo? ¿Cómo es eso?, a coro preguntaron los dos.
-¿Todavía no se dieron cuenta? –Alzó la voz el Supremo- aquí han llegado cada uno con las revelaciones que cada uno necesitaban conocer.
-Mírate –prosiguió la voz- vos traes La luz entre tus manos, pero si buscas dentro tuyo verás que tu revelación es el sentimiento más poderoso de tu mundo: El amor.
Inmediatamente después de escuchar eso, ese creyó haber entendido el mensaje y salió de la oscuridad empeñado el disfrutar la revelación conseguida. El otro se quedo parado en su lugar esperando casi congelado, pero su cuerpo hirvió y no contuvo el impulso.
-No entiendo, ¿yo como pude haber ganado algo? –Interrumpió gritándole a la oscuridad- Si me siento fracasado, desilusionado y desterrado.
-¿No lo comprendes aún?, tu revelación va más allá de lo razonable del entendimiento humano.
-¿De que me hablas? Yo solo quería a esa maldita Luz, desesperado replicó.
-Piensa, siente, observa. Es lo necesario para que puedas continuar tu camino –con voz suave pero firme la deidad le contesto- debes convencerte de que tu destino es de sabiduría. Al amor ya lo conoces, y ahora con tu revelación conoces algo peor que la misma tristeza y la soledad: es la peor de las nostalgias, es el añorar lo que nunca sucedió.


* Foto: McLaught




Margaritas vacias



"Te ofrezco mis margaritas que están vacías
que están marchitas
que ya están secas
Te doy todas las renuncias de cosas simples
que llevo hechas
Milonga mi compañera que me comprende
que me protege
que me abriga
Frazada del pobre hombre que siente frío
y no se queja
ya no se queja"



* Letra: Gastón "Dino" Ciarlo.
Voz: Adriana Varela.